Yo me propongo escapar de esta pesadilla. Y, por más vueltas que le doy, solo encuentro una decisión válida. Aunque sea duro, pienso votar. Ello pese al esfuerzo que parece que han hecho para que no lo haga. Es un gesto egoísta y a la vez solidario. Lo hago para evitar que la pesadilla se consolide y acabe con mi caída a un pozo, mientras el Consejo General del Poder Judicial en pleno, la plana mayor de Jusapol, los jueces machistas y la dirección de CEOE sonríen satisfechos desde el borde del brocal.
No tengo un sueño, pero sí una pesadillax Emilio de la Peña
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