Capotadas a la ciencia y estocadas a la decencia

Decía Albert Camus que toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara o instaura el fascismo. Por analogía, si interviene en la ética y en la conducta, adoctrina en la sumisión de cualquier sentimiento de compasión o empatía.Al hilo de ciertas despectivas declaraciones de Enrique Ponce, el autor analiza las falacias en las que los matadores de toros y cuantos apoyan la tauromaquia basan su sanguinario egoísmo.