de Martín


Un golpe “popular” freudiano.
 
 
Señor director:
 
                             En vano intenta engañarnos otra vez con su “rectificación” tras su monumental lapsus freudiano, que equivale al castizo “Se cree el ladrón que todos son de su condición”. Tras comparar a los manifestantes de la “marea ciudadana” con los golpistas del 23F,  el representante del Gobierno regional de Madrid ha tenido que “rectificar” diciendo que se refería sólo a los grupos “antisistema y radicales” que se “ocultan tras los manifestantes de buena fe”, cuya legítimo derecho a protestar intentan en realidad reventar; su intento de excusa es ridícula porque –además de hablar antes de que ocurriera ninguna violencia, como hubo después y lejos de la manifestación- ninguno de esos corpúsculos ha podido ni tomar, ni acercarse siquiera al Congreso, ni “tomar las calles” sino, a lo más pasar corriendo por alguna de ellas.
                            Ese intento de tapar a docenas o cientos de miles de ciudadanos disfrazándolos de una “chusma antisistema” no es nueva. Más aún, es un indigno embuste que emplean casi siempre los medios de difusión afines al PP. Lo nuevo es que sea ahora el mismo Gobierno el enemigo que intenta reventar intelectualmente –como ya lo ha hecho físicamente, con su policía infiltrada, otras veces- una gran manifestación.
                           Gesto tan desesperado y revelador se debe a que ese acto estaba destinado precisamente a denunciar el  complejo golpismo en que en realidad se apoya el PP, y que esa comparación de Victoria ayuda a desvelar al intentar taparlo. Porque, recordémoslo, su “Victoria” se debe a ser portavoz nombrado por un presidente de Comunidad que no fue votado –como tampoco la alcaldesa de Madrid, Botella- y que subió al poder, con Esperanza Aguirre, por un golpe de mano contra el triunfo electoral del PSOE. Y que forma parte de un Gobierno del Estado que tiene una mayoría absoluta sólo por una ley electoral injusta que ellos aprobaron, y votados el 20-N por menos de un tercio del censo electoral, una minoría que en gran parte, según las encuestas, muestra ya una desconfianza absoluta hacia su Gobierno, que ha perdido así legitimidad. Si esto no es un golpe de Estado “encubierto”, que venga Dios y lo vea.  
 

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